sábado, 15 de septiembre de 2012

NO ME VERÁS PARTIR.

    ISAAC PALMA



     Tendrás que arrancarte un seno para que me vaya de tu vida:  mi almohada perfecta en la que derrame todos los sueños en que te comía entera.
Soy tu padre y tu hermano.
                                          Mi sangre corre en tus venas y mi saliva alimenta tus lagrimales que por mi fueron explotados hasta el cansancio.

Para sacarme de tu mente tienes que pisotear tus libros,
cortarte los dedos y desentonar el piano que me debe 2 canciones. Soy Beethoven, Chopin y Ponce.

Tienes que olvidar tu infancia y las fiestas del pueblo.
Soy tu cabello recogido, el sabor de tus labios y mis palabras son tu lengua que aprendió a desprenderse de ti para viajar por mi boca.

Soy la falda que nunca usaste y el rebozo que cuelga polvoriento del gancho.

Soy tus pasos sobre la tierra seca y el polvo que se levanta para rodearte completa.
Soy tus ojos que vieron mil colores y que conocieron los recónditos lugares de mi cuerpo oscuro.
Soy el repiqueteo de un requinto que suena imitando tu corazón agitado porque el aire que respiras es mi aliento. 
Para deshacerte de mi imagen tendrás que destrozar tu cuerpo primero:
                                                                                                            Morder tus piernas flacas e incrustar un lápiz en tu cuello blanco.
Tendrás que despejar la mente y llorar todos tus recuerdos que son todos mis años completos de vida.
Tienes además que quemar la tarima de tu casa y los discos de son que ya no escuchas.
Soy tu sexo que tendrás que eliminar para sacarme de tu vida.
Soy cada nervio de tu cuerpo que se estremece cuando piensas en arrancarme de ti.

martes, 6 de marzo de 2012

Sin Título

Voy a prestarte mi jarana para que la llenes de ti.
para que la lleves contra tus senos redondos
 y dejes caer tu cabellera sobre ella.
Para que acaricies las cuerdas con tus dedos
y tu mano se deslice suavemente por su brazo.
Así yo podré tocarla mañana y deleitarme con su sonido lleno de tu voz.
Voy a llenarme con el aroma que desprenderá entonces: El aroma dulce de tu cabello y tus manos combinado con el del guanacaste.
Me dormiré abrazado a mi jarana y soñaré contigo
                                                            y tus cabellos, con tus manos
                                                                                       y tus senos.
Así sin que tu lo sepas, me embriagaré de ti
                                                                 ...con mi jarana.

sábado, 14 de enero de 2012

Distancia

Me encuentras dormido en el jardín de caléndulas que plantó tu madre.
Yo te espero para comer.
Me abrazas, te abrazo,
nos besamos, pero no eres tú.
no te estoy besando a ti, 
es una impostora y me confundo,
me rodeas con los brazos, 
tus labios en mi cuello
y musitas mi nombre.
Es tu cabello en mis mejillas, 
pero no eres tú.
Sabes como me gustan tus besos.
Recorres mi cuerpo lento,
yo te tomo por la cadera y te acerco a mi.
Tu boca caminan mi piel.
Mis manos arrancan tu ropa.
Buscas ávida mi lengua mientras me desnudas
Mi sexo en tu sexo.
Sudor, Saliva.
Lo haces muy bien, pero no eres tú.
Sufro tu ausencia, 
me duele tu ausencia 
Estamos juntos, pero no estas conmigo.
Tus ojos te delataron desde que me despertaste.
No es tu mirada, 
Me duele tu ausencia y sufro
y me duele la herida 
la de mi vientre y la de mi espalda 
Y me duele que no estés aquí para besarme,
te vas, la mano temblorosa suelta el cuchillo que escondías bien en tu pantalón
Y, a pesar del dolor, no puedo distinguir todavía que te alejó.



miércoles, 28 de septiembre de 2011

MARIPOSA

ISAAC PALMA

Al amanecer la flor abre lento sus pétalos,
en su interior dos mariposas aletean...
                                ...todavía giran.
Una suave danza: fusión de colores,
movimientos suaves y dulces.
Las lenguas de las mariposas se enredan.
Entre vueltas y piruetas se funden en un solo ser
                                                                   maravilloso.


Fandango

ISAAC PALMA

Mi cuerpo tiembla entero, tu boca saliva:
     la sangre se agolpa en mi corazón,
sobre la tarima nuestros cuerpos desnudos se juntan.
y tú buscas ávido mis labios,
     la miel de tu boca pruebo despacio,
el sudor de nuestra piel sirve de lubricante.
Las olas del mar rugen a nuestros pies,
     mis manos aprietan tus glúteos.
La lejanía existe ahora,
la eternidad: cobija en la oscuridad.
Mi cuerpo dentro de tu cuerpo.
Tu pubis perfumado por el mar me sirve de almohada

En la lejanía dos pescadores encuentran flotando la ropa de dos jóvenes que en la playa,
como dos Adanes desnudos bailan sobre la tarima el son de las olas.

jueves, 15 de septiembre de 2011

A LOS POCOS AÑOS

ISAAC PALMA



los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio.
Octavio Paz

Se nos mostró el mar y yo creí saberlo entonces. Era él y nunca habría otro. Teníamos diecisiete años en esa primera tarde y no hablamosuna sola palabra, solo estuvimos ahí, sentados, mirando las olas romper
contra la escollera. Esa fue la primera, pero vinieron otras, vinieron muchas más, y noches y mañanas despertando tan juntos como solo una cama sencilla y angosta puede hacer que despierten dos amigos que aún se necesitan. Como en los sueños y las pesadillas, los días no duraban entonces un tiempo definido, o para decirlo de otro modo, el tiempo no existía, ni el lugar, ni la rosa de los vientos. Nos llamaban los extranjeros y nunca los desmentimos. Guardábamos el mismo silencio que guardaban ellos cuando entrábamos a tomar una cerveza al único bar que había en ese pueblo. A veces dos, siempre callados, rozando nuestros codos, rozando las miradas y, de vez en cuando, una sonrisa que nos llenaba de ansiedad y de vergüenza. No había dinero ni futuro, todo era un hoy plano e iluminado por la yerba que se desvanecía en el aire. El corazón valía lo mismo que una espalda, que una sonrisa, un abrazo y todo era tan níveo como aquellos amaneceres que nunca terminaban. Un pescado, un cangrejo servían para alimentar los pocos años. Hasta una palabra era suficiente. Despertar en la madrugada a jalar redes, siempre al mismo ritmo, en el jadeo acompasado de una veintena de respiraciones. Recibir una parte del mar que luego convertiría aquella mujer de nombre Flor en algo sencillo. Su risa nos hacía sentir seguros ahí, sentados, rozando
entonces las rodillas bajo su mesa, devorando la carne jugosa y blanca. Dios no había dividido aún al hombre, el monstruo era uno, deformado por sus ansias de quererse, pero con la plenitud de la inocencia.
Después de atiborrar el estómago, salíamos al sol, y era el sol quien nos urgía a correr por la calle empedrada hasta la arena, arrancar la camiseta, el pantalón y desnudos, hermosos por una juventud que creímos eterna, lanzarnos a las olas a buscar lo que fuera. Podía venir entonces la competencia, el abrazo, un golpe o simplemente la sal en nuestras axilas. Dormir, dormir, errar el rumbo una y otra vez hasta caer rendidos entre caracoles, arena y plumas de albatros viejos. Terminar sobre la arena, un descanso en donde miles de gotitas cubrían la vista del cielo y de sus piernas. Y escuchaba su risa y sus planes que a la  mañana siguiente se convertirían en otros planes y otra risa. Todos los días. Después de hacer lo mismo, venía el silencio que se rompía con el grito de la gaviota, de la sirena de un barco adormecido que estaría a punto de atracar. Permanecíamos desnudos hasta que nos dábamos cuenta, hasta que la vergüenza regresaba y nos cubría, y no hablábamos entre nosotros como si el hablar estando así nos hiciera traspasar esa barrera, como si realmente el estar desnudos nos volviera tan indefensos como los cangrejos. Los pocos años hicieron sobrevivir al deseo. El misterio de lo que no se entiende, el misterio de lo que más se ansía, siguió siendo solo eso. Callados subíamos nuestros shorts hasta la cintura, metíamos nuestras camisetas por el cuelo y volvíamos a sonreír y a sentirnos seguros de quien teníamos que ser siempre. Entonces podía volver el abrazo que se esparcía sobre la arena convertido en sombra.Un pez se enamora de su sombra, nada  sobre ella, desea perderse en ella hasta que una sombra mayor le da alcance.Quizá nuestro pecado fue creer que el mundo nunca terminaría. La culpa fue del mar, quizá, o de la luna que se sigue sintiendo tan joven. Creímos que una mirada no podía causar mayor estrago que un golpe cariñoso o una caricia nocturna entre dos amigos. Pero aquella mirada hacia una niña, decidió el final de algo que apenas comenzaba.
La manzana cayó del árbol sin que el hombre se diera cuenta, la manzana se fue pudriendo y de ahí nació la vergüenza. No existió el crimen como en otras historias parecidas. No lancé su cuerpo ni mi cuerpo hacia las rocas. Ni siquiera el reloj se detuvo. Tan solo se diluyeron las palabras, aumentaron de dos a tres las lágrimas, hubo un dolor de tripas y los silencios se convirtieron en abismo. Todo duró hasta que nuestras
huellas empezaron a dividirse, igual que del norte se separó de sur para buscar otro camino. Nunca más beber del mismo vaso, nunca más la misma cama, el mismo beso. Los adioses son para los viejos, los adioses no existen en las jóvenes manos. Es la muerte la mensajera del deseo. Los extranjeros se fueron una mañana, deben haber dicho aquellos pescadores. Y fue lo mejor para las personas de aquel pueblo, porque el amor que al no cumplirse no termina, es una maldición que siempre trae escondido su castigo. Y los castigos no le gustan a la gente. Un extraño viento recorre la playa, no viene del mar ni se adentra en este. Es un viento extraño, más que un viento un vaho, un suspiro… Pero volvimos. Cada quien volvió en diferente fecha, yo convertido en vieja culpa, él convertido en él, sin dejar de ser joven recuerdo, y encontramos lo que nunca se había ido. No era más que nostalgia, podrán decir los hombres cuerdos, pero no fue verdad. Todo permaneció, ahí, sin inmutarse, hasta la desnudez que acompañó siempre a la noche, hasta el dolor de no ser siempre lo que uno pretende.