Mi mirada se perdió entre las sábanas revueltas de la cama,
quizá fui uno de ellos.
Aprovechando las noches vacías en mi cama,
con la luna en el firmamento
sin preocupaciones,
obedeciendo la sed de otro cuerpo,
de unos muslos perfectos,
te abrí la puerta de mi casa
(como a otros tantos)
te tomaba de la nuca,
me mirabas con ternura en tus ojos,
tus manos en mi espalda,
nuestros cuerpos juntos entre las sábanas.
(De entre todos, tu eras mi predilecto).
Quizá entonces era uno de ellos,
de esos que me miran a diario cuando asomo a mi ventana,
esos que esperan en la esquina a que les abra la puerta de mi casa
los mismos que te asesinaron al salir de mi habitación.
Tu muerte los encadena,
con tu partida te llevaste la luna y mis noches vacías,
dejaste en mi cama tu fantasma
y en las sábanas revueltas tu esencia.
No podré volver a encontrar placer en otros muslos
y besar otra boca.
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